Amaneces a la par de la luna
reflejando la brisa de las primeras estrellas,
colgando en tus ojos la noche primavera
de flores cuyo aroma ya recuerdas.
Llueves y derramas en las nubes
colores vinos que beben las montañas
y se embriagan suspirando bocanadas
que en perfumes nocturnos se traducen.
Iluminas esta noche con la plata
que inunda un patio de susurros lilas
y acaricias sin saberlo la mirada
de quien para verte la suya hoy desvía;
la noche entonces se sabe errada:
su belleza rinde, ante tu figura alada.
Desfiguros literarios. Vómitos intelectuales. Quejas insostenibles. Suicidos de plastilina. Versos semiprofesionales. Bach, a veces, pero en el Tuiter. Batman no aprueba este blog.
viernes, 19 de abril de 2013
lunes, 18 de febrero de 2013
Ëĺwing
La luna lanzó un suspiro en
una noche de lluvia.
La Mariposa voló sobre el mar
y se vistió de espuma
y encontró reposo en flor astral;
era diamante Ella,
no menos que una estrella:
aroma de cerezas tersas,
imagen de un hermoso cantar,
bella tanto, el cielo la dibuja
y se hizo figura con labios que rimarán
en besos, en versos, en noche, en luna.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Al-shah-mat
El rey ha muerto. Su ejército, casi
inexistente, pequeños individuos aislados en el campo de batalla, arroja las
armas a los pies de los vencedores. En las afueras del último cuadro, la escena
es desoladora. Los cadáveres se han amontonado en un grupo irregular donde
sobresale, de entre todos los cuerpos y animales de combate, el arma más
poderosa del rey vencido. Dicen que sacrificó su vida en un último,
desesperado, infructuoso intento de rescatar a su caído monarca. Sólo prolongó
la agonía de quien, con la armadura negra que tantas guerras había visto pasar,
yace ahora pequeño e inmóvil ante los pies del obispo ajeno que, con burla, le
lanza la última bendición.
La bandera de la rendición ondea por los
sobrevivientes. Sus posiciones, destrozadas, se llenas de lágrimas que se
confunden con la tierra y la sangre arrastrada por pies ajenos y propios. En
lengua extranjera, se lamentan en silencio. Los rivales se precipitan a ver el
cuerpo ya frío del vencido. El último en llegar es el rey contrario. Viste un
pulcro traje blanco, un pañuelo perfumado intenta menguar la peste de la
guerra. Él perdió a su amada, su cuerpo está hundido en la montaña de carne y
acero que pronto será incinerada sin piedad. Se permite una lágrima de rabia
que sus súbditos interpretarán como un gesto de nobleza. Abandonan el campo.
Los vencidos son pasados a cuchillo y arrojados en el infame fuego que lo
consume todo. El cuerpo del rey vencido es dejado en su rincón de muerte. Las
luces se apagan.
Su casilla, negra también, oculta su metafórica
sangre. Dos amigos se dan la mano. Es un jaque mate.
jueves, 30 de agosto de 2012
Nada
Nubes grises en cielo.
Un sueño pesado,
mudo, ciego. El tiempo
estancado
a lo lejos, silencio.
Surcos en la tierra
que están secos. Y
flores. Desnudas,
sin pétalos.
Tus ojos cerrados que
callan.
Estrellas apagadas por
la noche misma
que nos rodea y nos tapa
la boca
y nos ata las manos.
Inútiles nuestros brazos
no intentan siquiera
un abrazo.
Sin saberlo, nos
asfixiamos.
Pueden más los labios
sellados, pensamientos
hacia otros lados.
Pueden más los infinitos pasos
que el vacío siempre
traza
vacío
abismo
nada
no hay siquiera viento
que nuestro frío apagara
…
pues ni el frío, ni
eso, pasa.
lunes, 21 de mayo de 2012
Soneto II -Pequeña 'Ars Poetica'-
Beatriz, divina exaltación del Italiano,
la musa de aquella homérica odisea
que con infinitos colores me bombardea:
tú, mujer, tormenta perfecta, canto de piano.
Flor de Petrarca y del Quijote, Dulcinea,
locura, invade mi espacio: guía mi mano
a lo profundo del gozo y llanto humano.
Inspiración completa que en lo alto ondea.
Ay, mujer, elíxir del poeta, en tu plano
dejas besos lejos, inconexos al aeda
que llora a su Helena, muerto el mar troyano,
y busca ideal romántico, nombres corea:
princesas o reinas, en su balcón, ¡Julieta! No.
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