martes, 28 de julio de 2015

Uldráen de Ainstrevel, 1134 DCT

Una tumba,
sueño irascible que el rey
tradujo en lanzas y legiones negras
que marcharon de sol a sol al puerto blanco.

En el lecho blanco
el hijo duerme;
no escuchará jamás
el choque, el crujido y el grito.
No sabrá que en su nombre
mueren quienes serán alimentados por los peces al atardecer.
Ni una lágrima derramará
cuando en agónico suspiro descienda
la corona con su apellido
y se ahogue para siempre en las aguas enturbiadas de sangre
y se ejército se bata en desordenada retirada.

No sabrá,
—el lecho es muy frío—,
que las puertas de su antiguo palacio
arderán en venganza un marte cualquiera,
ni que el pendón extranjero,
el de la casa de Oghëë
borrará su nombre y el de su nación
de los libros y las eras
por tristes y largas
treinta y dos generaciones.


martes, 19 de mayo de 2015

Contrato

Establecimos un contrato,
tú y yo;
un documento escrito bajo el amparo de tintes solitarios:
estrellas;
una relatoría de fragmentos
que hice grandes a fuerza de símbolos:
esperanzas;
un ultimátum cuyo delgado margen
tuvo por tinta lágrimas de odio,
letras fueron llanto de pena,
firma, de amor.

Era un manuscrito implícito,
que conocías en mis pensamientos
menos racionales
y visiblimente más poéticos:
no sabías que lo sabías.
En él, escindíamos;
cortábamos el rojo nudo
que tenues tonos habían forjado:
careceriamos de mutuo significado.
Huecos.
Sombras.
Ceros.

Entonces
dime porqué
malditamente

tu rastro es el de una lágrima
que se avergüenza de extrañarte.


jueves, 14 de mayo de 2015

Nota al pie

Descubrió que, en el enunciado de su derrota,
había una nota al pie
apretada, minúscula;
contundente.

Brillaba con opacidad omnipresente;
era una sombra que no pasaba inadvertida
y trascendía más allá de las glosas pomposas
que detallan el fracaso
inmoral y apoético
de una historia ignorada.

El texto todo, salpicado de tinta sangre,
envilecido con caravanas heroicas,
insostenible por su grandeza guerrera,
terminaba en adjetivos ociosos
y ecos agotados que suplicaban sin honra el fracaso total.

Y la nota al pie rezaba:
esperanza.


jueves, 26 de marzo de 2015

Jacaranda

Agoniza la noche. El viento y la lluvia han despejado el cielo y una luna como sol de mediodía inunda con su luz la calle cubierta de jacarandas. Una alfombra de aromas lilas y frescos ahoga el empedrado y es como si un río de flores se hubiese detenido para dejarse observar por las estrellas que aún gotean agua cristalina.

Hay un silencio hermoso lleno de suspiros pacientes, de sonrisas enamoradas, de sueños que se desprenden apenas de las alcobas para dejarse atrapar en los primeros segundos del amanecer. Pero todos, aún, duermen. 

Ella sale. Bella como si reflejara la luna, suave seda acaricia su silueta que es un aleteo. Desnudos los pies, pisa sobre el mar de flores que expulsan su néctar, ungiendo los pasos de un ángel. Ella sonríe. Extiende los brazos, recibe gustosa las últimas gotas acompañadas de pétalos que danzan una antigua canción. Se posan en sus hombros desnudos, resbalan por sus brazos, abrazan la seda y se sueltan de improviso acompañando el giro de quien ríe, enguirnaldada un por rocío prematuro; una flor bendecida por la noche. 

Hay un silencio hermoso. Ella se deja caer, cara a la luna. El colchón florido la recibe con la potencia de su perfume y agradece su calor; ella agradece su frescura. La luna refleja el color de la jacaranda. Su seda es flor cristalina.Cuando amanece y barren la calle para que pueden pasar los carruajes, ella vuela al este, convertida en mariposa.

martes, 10 de marzo de 2015

Volver a pelear



El campo es ruina.
Apilados, los restos de una guerra dolorosa
son púas de las que se han saciado las prontas aves de negras alas.
Escombro de metal,
astilla de torre,
ceniza orgánica.

Sangre fresca.

Alguien ha dejado un estandarte incrustado en la tierra.
A sus pies, florecen mariposas blancas
y una sola rosa, teñida del escarlata líquido,
se inclina suave, besando la base.

Le sabe a derrota.

Alguien camina.
Crujen bajos sus pies las voces quietas
que hacen eco en un terco recuerdo.
Toca en silencio la tela aún suave
de los colores que defendió
entre sollozos silenciosos
de sombras confusas.
Y suspira.

Sopla el viento.

El suspiro se interrumpe.
Se corta,
en el aire quedan dos sílabas
que caen como una canción triste.
El viento del este
levanta las mariposas
y atrapa en un abrazo
pétalos y madera.
Tiemblan las ruinas
y late dolorosa el corazón cuando,
un aroma,
un nombre,
una mirada
y un recuerdo
viajan desde un amanecer de bugambilias
que quieren volver a pelear.

Otra vez.

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