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miércoles, 21 de marzo de 2012

Personajes


Ambos morimos, y nacemos, encerrados en la mitología que nos adorna y nos repite entre guerras y fantasía. Entre un mundo que se forma sin tomar forma orillado a ser el gigantesco rompecabezas sin fin de un principio oscuro y difuso. Ambos somos los habitantes eternos con voz y rostro incierto, con el mismo suspiro insertado en la zona más dolorosa del alma, pues somos la sangre y las lágrimas de quien nos crea, nos imagina: somos sentimientos.

Somos el miedo cuando lloramos la muerte y la tristeza en la canción sin letra ni música que sólo imagina que imaginamos. Somos la ira cuando pinta la guerra a trazos largos y furiosos, cuando bebemos la sangre del enemigo y morimos en el lodo y la lluvia por la inclemente, noble batalla. Somos la oscuridad que oculta en palabras más sofisticadas, la oscuridad que rechaza y desahoga en silencio, mudo, para no manchar la imagen áurea que ha querido formar.

Pero también somos la alegría en la irreverente burla infantil. Somos la compasión que rescata al héroe herido por su propia espada y somos la sabiduría que intenta filtrarse en sutiles soplos nocturnos, de luna creciente. Y sobre todo, somos el amor, la suma puntual y heterogénea de pensamientos, de oraciones a dioses inalcanzables, de maldiciones a viva voz, de poesía atrapada en lágrimas caducadas, de rimas y risas adheridas desde siempre en la esperanza. De la luna y la plata; de la princesa, de la rosa.

martes, 21 de febrero de 2012

Mala señal


Es mala señal cuando me acuerdo
que miraste, noche de febrero,
con la luna que reta al torero
hacia el pasillo, reconociendo.

No es buena idea suponerte
suspirando ahí, muy lentamente,
por tener frente a frente, sirena,
a tu alcance, copa que envenena
de amor, de miel, de hiel, sangre y pena.

No, nunca es bueno estampar risas,
ni caricias ni suaves sonrisas
que hagan dulce, legendaria magia:
el amor, que amansa la nostalgia.

Ni es bueno imaginar tu aroma
ni tu voz más allá de teorías,
de libros, hojas o habladurías,
de supuestos discursos en Roma.

No, no hablemos, no hablemos entonces
de canciones, o de suaves voces,
olores, nuestros gustos, sabores,
imaginar en nubes, colores
con que pintamos dulces amores.

No, no quiero soñarte junto a mí,
ni pensar que tus labios hoy comí,
o historias crear riendo a tu lado,
amar el lunar de tu costado.

Es mala señal cuando no creo
en el amor a primera vista
y me acuerdo, entre líneas leo,
yo quiero que la razón desista:
amanecer nuevo, y me veas,
vaya hacia ti y me conmuevas,
amar cuando sea primavera,
como si fuera la vez primera.

viernes, 1 de julio de 2011

Waiting in the rain

No dejaba de llover y esperaba. Bajo la lluvia, viento, impávido, esperaba. En algún punto distante de la carretera sabría que vendría a verle. Sabía que tomaría de nuevo su mano. Estrecharía de nuevo aquel cuerpo frío por tanto mojarse, de tanto sufrir el azote del gélido viento. Tocaría nuevamente ése rostro por donde varias veces corrieron lágrimas, muchas secadas por la mano mismo de quien esperaba. Aventuraría un beso en aquella frente, en aquellas manos, en ésos labios que se habían perdido en una memoria confusa, ávida de ellos, pero que había olvidado su forma y sabor. Esperaba.

Bajos sus pies, encogidos de frío en sus zapatos, corría como un pequeño río la lluvia que se perdería en las alcantarillas de la ciudad. Por su espalda corría una grosera gotera, de agua mugrosa y negra, más fría que la inclemente lluvia, pero esperaba. Se había prometido no moverse, hasta que viera aparecer su figura, moviendo los brazos con la sonrisa de siempre, soltando la risa armoniosa que, en el silencio, arrullaba y hacía pensar en sueños cálidos y suaves. Se había prometido permanecer casi como una roca, soplando de rabia ante los automóviles que le salpicaban, escupiendo el lodo que se tragaba, limpiando con el dorso de su mano la mirada húmeda de lágrimas suyas y del cielo.

El sol parecía ocultarse tras esa maraña de nubes grises, empujadas por el viento a regañadientes. La pálida luz del farol zumbó con pereza sobre su cabeza y la lluvia, poco a poco, empezó a ceder. Los últimos trazos del dios de las lluvias agonizaron con dulzura, como notas musicales al final de una magna obra. El murmullo de los automóviles sustituyó al rumor de la lluvia y del cabello cayó la última gota, como un recordatorio de lo que se escapaba para siempre.

Entonces abrió una sombrilla y partió a su casa.

Nunca llegó. Nunca volvió a esperar.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Otra batalla

El caballero de plata
hoja de su arma desenvainada,
camine entre dardos de fuego
reflejando en el mágico espejo,
un corazón cuya coraza de acero,
cae a pedazos, tras un solo movimiento.

Ya presuroso va a la retaguardia
oculto tras escudos, piedras y lanzas,
una tenue ofensiva por allá es rechazada
él, ahora ataca,
pero llega otra ola a la defensa plateada.
Como su corazón, también esta se desparrama
quizá, quizás no pasa nada
pero hay algo que el latido al cielo clama.

Bajo esa coraza,
el espejo devuelve la imagen
de un recuerdo olvidado
que de pronto se ha despertado.
Tonto, tonto caballero de la Orden,
la campesina muerta no fue el final
pues ahora, en la Gran Guerra,
algunas cosas se esconden
y otras, parece que esperan su oportunidad.

lunes, 7 de diciembre de 2009

¿Cómo te llamas?

Hoy, amaneció un nuevo sol,
las aves suspiraron una nueva canción
su canto, hoy, movió mi corazón
y mi mente viajó y en ti se posó.

Entre sueños repetía un nombre
y una voz le cantó a mi pecho
notas silenciosas de extraño verso,
páginas jamás escritas por mano de hombre
estampadas en pétalos,
escritas en sangre,
palabras de amor, alimento del alma
y la voz, suave, me las dictaba,

Hoy, desperté saboreando ese nombre
miel, café, un sensual toque.
La luna que tomé a cucharadas,
mi latido que otra vez palpitaba,
tú, ángel, le prestaste tus alas.

Adicto de la luna
imagino tu figura,
tus pupilas recorriendo con finura,
letras que suspiran la pregunta:
soñé tu nombre,
me lo ha quitado la mañana
dime, princesa mágica,
¿cómo te llamas?

miércoles, 14 de octubre de 2009

Venganza

Hombre, hombre de plastilina
endeble, débil, carente de sincronía
tus lágrimas de culpa mojan una cama vacía
no es que te falte nada, más bien en ella no dormitas.

Hombre, hombre con errores
hombre que pretender ser perfecto, sin tacha, sin horrores
hombre lavanta tu cara y asume tu maldita culpa
la noche llega, y no verás luna o estrellas
y te comerá poco a poco, tu imprudente furia.

Hombre, culpable de un crimen q si cometiste
el crimen es tu condición de romántico insensato
hombre, tu castigo es que nombre muera en el anonimato
y de un corazón antes bello, ahora ser desterrado.

Hombre, lava tu culpa a tu absurda manera
ve, saca tu espada, pelea hasta q la Sombra muera
no conseguirás lo q al morir soñaste de recompensa
no conseguirás nada, q en verdad no valga la pena
a pesar de todo, hombre, irremediablemente humano,
ve, véngate. No dejes nada a tu paso.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Amor no-correspondido... amor no-declarado... amor no-destinado....

Soy un suspiro perdido en el aire
el recuerdo de un eco distante
que al caer la noche, bajo la luna
canta al amor cargado de ternura

Viajo errante en el viento
y me detengo a escuchar a momentos
un mismo soplo, un mismo aliento
que comprenda mi obsesivo deseo
de dar y recibir el sentimiento más bello.

Amor, si estás hí flotando
si acude a ti este mi canto
toma este verso, este corazón suspirado
hazle una señal y di q estas viva
que existes, que no eres fantasía
y sella con un profundo beso
estas letras, de ti vacías.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Amor al aire. (" Estoy enamorado de 'no se qué' ")

Siento un canto a mi pecho

siento de nuevo el deseo
música, sol y viento
las palabras bellas regresan a tiempo
soy, de nuevo, hombre contento
y nace de mi, la necesidad de un beso.

Quiero abrazar y unirme a su silueta
a su figura angelical, hermosa doncella
quiero besarle y cantarle el oído
y que mis versos tengan de nuevo un motivo.

Siento de nuevo en mi alma,
la necesidad de escuchar el "te amo"
la necesidad de hacerle eco con mi canto
las ganas y la ilusión de sentirse enamorado.

Ahora, me queda esperarte
princesa, de nuevo voy a buscarte
ya quiero, con pasión susurrarte,
el amor que se inflama y se derrama
y llenar tu corazón de mis palabras
de mis besos, de mi alma
quiero, q de la mano, juntos
contarte a los ojos, cómo nos enamoramos.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Maldito sea el amor.

Maldito seas amor


que se caigan tus alas, triste cupido

y que se hunda tu rostro, como se hundió el mío.



Que se sequen todas las rosas y flores

que se mueran todas las lindas canciones

y que en su lugar nazca lo horrendo

que brote de la carroña ese temido espejo

que nos muestre sin misericordia

lo ridículo de nuestra verdad sosa.



Que se desnude la verdad del dolor del olvidado

de la arbitrariedad del que te ha traicionado

que se muestre ante los ojos babosos

la ira contenida de quien ha sido insultado

por aquellos labios melosos

que olvidaron pronto lo que pasó con otros.



Maldito seas, amor eterno

vete a la mierda, vete al infierno

ahógate pronto, en tu falsa sonrisa

que tu alma se pierda, que no halles salida.



Maldito sea, el sentimiento más bello

maldito seas, suspiro del cielo

Amor, dulce flagelo,

maldito seas por haberte perdido

por haberte seguido, por haberte creído

por soñar en ti y esperarte en este martirio

Maldito seas, bendito amor, por ser tan bello

lunes, 24 de agosto de 2009

El guerrero perefcto.

Soy el guerrero perfecto. Siempre lo he sido. Mis tácticas fueron las mejores, sin dicusión. Envolví e inventé los pasos que me llevaban poco a poco al objetivo. Eliminaba, sutilmente, con el leve roce de un frágil cristal a mis enemigos. Uno a uno caían, rendidos, alejándose. Huyendo de mi invisible presencia, de mi insepurable poder que los dioses me habían conferido. 
Era como una sombra, que se arrojaba en su presa, sin dañarla. Sin tocarla, sin asustarla. Segundo a segundo respiraba tras ella, sin que lo notara. Siempre al acecho, siempre cuidando todos los frentes, siempre seduciendo. Y, al final, me alcé glorioso con la victoria. El fuerte estaba tomado. Planté enérgico y ruidoso mi bandera, mostrando con orgullo mi emblema ondeando poderoso en lo más alto de la fortaleza. y fui recibido como un héroe agradecido, un salvador, el únco que había sido capaz de romper el cerco, sujetar al tesoro y salvarlo del pozo donde se ahogaría. 
Fui perfecto durante mucho tiempo. Libré y eliminé obstáculos, imponía mi dulce dominio sobre todos los asaltantes. Arremetía con furia ante los agresores... y el tesoro se acobijaba bajo mi potente brazo, bajo mi corazón envalentonado, bajo la salvación que yo le había dado. Fueron tiempos maravillosos. Todo crecía y se magnificaba, todo se revolucionaba, todo era perfecto.
Hasta que cayó una sombra que no conocía. Una sombra que me ató, me dominó, me sujetó a su voluntad. Luché, y poco a poco fui venciendo. 
Y me di cuenta del horror. El tesoro había emigrado.
Dejé de ser perfecto. No lo era, nunca lo fui, de hecho. Toda la ilusión depedazada por el horror, por las lágrimas. A mis pies yacía algo palpitante, sangrante y depedazado. No, no era perfecto, había fallado en una sola cosa. La más importante, quizá. Y murmuré, al cielo nublado que amenazaba una lluvia de pena y lágrimas.
—Perdona por no haber estado ahí, cuando más lo necesitabas.

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