Un patrón de figuras repetidas que se estampan en ése sangriento papel que es la vida. Frágil pergamino acartonado, cual cristal violentado por lluvia y azotes, manotazos y lunas pálidas que no reflejan ningún conejo, promesas vanas de mejores futuros que los ayeres caducados. Papel que cruje al estrujarlo y abrazarlo y pretender dibujar en él con ésa tinta invisible una original idea de lo que es bueno o malo, de lo que es duro o blando. Color sin color que expresa lo bello, pero que termina por ser verde, azul o colorado. Patrón de figuras repetidas tan siniestras en blanco, negro, rosa y grisáceo. Figuras repetidas como un tejido hecho a mano, infinitos moldes de galletas espolvoreadas dulcemente con veneno inventado por algún dios malintencionado, plantillas de colores de un pasado enamorado: beso en mano, mirar coqueto y vago, labios mojados, curveados en sonrisa y mirada enervante, hechizante; patrón de figuritas de plastilina y bolsos y botas y un sabor extraño, de unos labios que con sutil cosmético fueron rociados.
Un patrón de figuras repetidas de un metro con cincuenta y cinco que toma la mano un instante del pasado. Un patrón de figuras repetidas que con cabello castaño desvía su mirada hacia su inexistente pasado que la mira como ventana hacia su olvidado pasaje consumado y que retuerce el cuello de la cordura para instalarse como un parásito al cual sólo se insulta. Patrón que hace recordar sin emoción y con brutal desconcierto algo en ése rostro, ésos ojos y ésos labios, esa silueta y esa postura, el atípico aroma y la ternura con que levanta la mirada al cielo oscuro y tararea las melodías que nunca serán para quien le acompaña. Y que, al dirigir su neutra mirada para quien ve en ella la ventana a su memoria, convence a aquel idiota que es un reflejo irónico, un patrón de figuras repetidas peligrosamente bellas que ahogan otras flores cuyos capullos ni siquiera se han conocido.
Y ella es la calca, el molde de su pasado. Visión de una pareja reconocida por quien alguna vez fue quien la experimentaba. Patrón que es y que nunca fue, desconocida conocida por el subconsciente masoquista que el consciente entiende como un sarcasmo. Ella que gira repetidamente la cabeza, ignora a medias al pendejo en turno, sonríe hacia la estampa de rutas a tres o tres cincuenta y acentúa más la marca, patrón de figura cómica repetida, sutil corte que sangra y mana entre insultos y la estúpida fantasía de lo improbable cuando, en una última y fugaz mirada, coqueta e indiferente, el camión se pierde entre luces opacas, un suspiro con sabor a derrota el pasado irónico que rebota y muere al doblar la esquina para cauterizar la herida, derribar la costra y continuar escribiendo en el papel de la vida, hasta subconscientemente sellar la historia como una anecdótica malicia de unos dioses tiernamente sádicos, siempre con el dejo, el maldito deseo de besar al fin una flor, no un patrón de figuras repetidas, o de plano, mandar al carajo, por siempre, al pinche amor.
Desfiguros literarios. Vómitos intelectuales. Quejas insostenibles. Suicidos de plastilina. Versos semiprofesionales. Bach, a veces, pero en el Tuiter. Batman no aprueba este blog.
martes, 2 de agosto de 2011
jueves, 14 de julio de 2011
Tú y tu luna
A cada segundo q muere
por cada gota de lluvia q se esfuma,
que se pierde en la penumbra,
que resbala por el cristal,
ahí, estabas tú y tu luna.
Cada soplo perdido
entre rocas del monte, y la niebla,
apenas movida, cristalizando sueños
fríos, perdidos, muy queridos,
ahí, escondida, estabas tú y tu luna.
Cada trino de ave escondida
entre árboles de frutos exóticos,
entre hojas que perfuman el bosque
cansado de tanto descansar,
el silencio escandaloso de la tranquilidad,
ahí, etérea, estabas tú y tu luna.
Ahí detrás de mi cama,
debajo y sobre de ella
entre sábanas, ropa sucia
llena de tu aroma y notas escritas
con tu mano tibia,
ahí entre una recámara oreada,
mojada de lágrimas y colonia,
estabas tú y tu luna.
En el pasillo y la cocina,
en la sala y las escaleras
en la calle, apestada de estiércol y smog,
el mostruoso sonido de la ciudad,
ahí, maldita sea, estabas tú y tu luna.
En la noche, sin luz y sin estrellas,
bajo el mar habitado por oscuras bestias,
en 64bits y dos mil megas,
en Francia, India, Nicaragua y Argelia
estabas ahí, tú, tú y tu luna.
Y al final... en esta caja fúnebre,
entre sollozos suicidas y misas estúpidas,
entre el absurdo recurso de olvidarte por siempre
y desterrar cada gota de sangre que nunca sudaste
ahí, triste ironía, estabas tú y tu luna
acompañando mi suerte,
hasta la misma muerte.
por cada gota de lluvia q se esfuma,
que se pierde en la penumbra,
que resbala por el cristal,
ahí, estabas tú y tu luna.
Cada soplo perdido
entre rocas del monte, y la niebla,
apenas movida, cristalizando sueños
fríos, perdidos, muy queridos,
ahí, escondida, estabas tú y tu luna.
Cada trino de ave escondida
entre árboles de frutos exóticos,
entre hojas que perfuman el bosque
cansado de tanto descansar,
el silencio escandaloso de la tranquilidad,
ahí, etérea, estabas tú y tu luna.
Ahí detrás de mi cama,
debajo y sobre de ella
entre sábanas, ropa sucia
llena de tu aroma y notas escritas
con tu mano tibia,
ahí entre una recámara oreada,
mojada de lágrimas y colonia,
estabas tú y tu luna.
En el pasillo y la cocina,
en la sala y las escaleras
en la calle, apestada de estiércol y smog,
el mostruoso sonido de la ciudad,
ahí, maldita sea, estabas tú y tu luna.
En la noche, sin luz y sin estrellas,
bajo el mar habitado por oscuras bestias,
en 64bits y dos mil megas,
en Francia, India, Nicaragua y Argelia
estabas ahí, tú, tú y tu luna.
Y al final... en esta caja fúnebre,
entre sollozos suicidas y misas estúpidas,
entre el absurdo recurso de olvidarte por siempre
y desterrar cada gota de sangre que nunca sudaste
ahí, triste ironía, estabas tú y tu luna
acompañando mi suerte,
hasta la misma muerte.
viernes, 1 de julio de 2011
Waiting in the rain
No dejaba de llover y esperaba. Bajo la lluvia, viento, impávido, esperaba. En algún punto distante de la carretera sabría que vendría a verle. Sabía que tomaría de nuevo su mano. Estrecharía de nuevo aquel cuerpo frío por tanto mojarse, de tanto sufrir el azote del gélido viento. Tocaría nuevamente ése rostro por donde varias veces corrieron lágrimas, muchas secadas por la mano mismo de quien esperaba. Aventuraría un beso en aquella frente, en aquellas manos, en ésos labios que se habían perdido en una memoria confusa, ávida de ellos, pero que había olvidado su forma y sabor. Esperaba.
Bajos sus pies, encogidos de frío en sus zapatos, corría como un pequeño río la lluvia que se perdería en las alcantarillas de la ciudad. Por su espalda corría una grosera gotera, de agua mugrosa y negra, más fría que la inclemente lluvia, pero esperaba. Se había prometido no moverse, hasta que viera aparecer su figura, moviendo los brazos con la sonrisa de siempre, soltando la risa armoniosa que, en el silencio, arrullaba y hacía pensar en sueños cálidos y suaves. Se había prometido permanecer casi como una roca, soplando de rabia ante los automóviles que le salpicaban, escupiendo el lodo que se tragaba, limpiando con el dorso de su mano la mirada húmeda de lágrimas suyas y del cielo.
El sol parecía ocultarse tras esa maraña de nubes grises, empujadas por el viento a regañadientes. La pálida luz del farol zumbó con pereza sobre su cabeza y la lluvia, poco a poco, empezó a ceder. Los últimos trazos del dios de las lluvias agonizaron con dulzura, como notas musicales al final de una magna obra. El murmullo de los automóviles sustituyó al rumor de la lluvia y del cabello cayó la última gota, como un recordatorio de lo que se escapaba para siempre.
Entonces abrió una sombrilla y partió a su casa.
Nunca llegó. Nunca volvió a esperar.
Bajos sus pies, encogidos de frío en sus zapatos, corría como un pequeño río la lluvia que se perdería en las alcantarillas de la ciudad. Por su espalda corría una grosera gotera, de agua mugrosa y negra, más fría que la inclemente lluvia, pero esperaba. Se había prometido no moverse, hasta que viera aparecer su figura, moviendo los brazos con la sonrisa de siempre, soltando la risa armoniosa que, en el silencio, arrullaba y hacía pensar en sueños cálidos y suaves. Se había prometido permanecer casi como una roca, soplando de rabia ante los automóviles que le salpicaban, escupiendo el lodo que se tragaba, limpiando con el dorso de su mano la mirada húmeda de lágrimas suyas y del cielo.
El sol parecía ocultarse tras esa maraña de nubes grises, empujadas por el viento a regañadientes. La pálida luz del farol zumbó con pereza sobre su cabeza y la lluvia, poco a poco, empezó a ceder. Los últimos trazos del dios de las lluvias agonizaron con dulzura, como notas musicales al final de una magna obra. El murmullo de los automóviles sustituyó al rumor de la lluvia y del cabello cayó la última gota, como un recordatorio de lo que se escapaba para siempre.
Entonces abrió una sombrilla y partió a su casa.
Nunca llegó. Nunca volvió a esperar.
jueves, 16 de junio de 2011
Sueño.
Cuando entre sueños difusos
aparece una bella ilusión,
perece en la mañana
al sonido monótono del despertador.
Y me aferro a la noche que se escapa,
como en un suspiro que sólo acaba
cuando el astro rey con sus rayos mata:
cuchilladas de luz por mi ventana,
polvo e imagen que se dilata
hasta romper su imagen con esta realidad ingrata.
Todo el día entonces pasa
tan lento, injusto, demasiada luz
acumulada. Ni yo, ni tú
ni nadie me salva
del hechizo mágico de la luna de plata,
que doce horas después con sus susurro,
canta,
y en sus brazos murmuro
una canción vaga.
Ahí, en ese mundo incorrupto,
donde sólo existe la ilusión,
cada inexistente segundo de mi adicción
se concentra en el absurdo:
sí, hermosa figura,
sí, maravillosa ilusión.
Sí, está aguardando cada noche
en mi sueño, sólo en un sueño.
Y de la realidad, jamás es un espejo.
aparece una bella ilusión,
perece en la mañana
al sonido monótono del despertador.
Y me aferro a la noche que se escapa,
como en un suspiro que sólo acaba
cuando el astro rey con sus rayos mata:
cuchilladas de luz por mi ventana,
polvo e imagen que se dilata
hasta romper su imagen con esta realidad ingrata.
Todo el día entonces pasa
tan lento, injusto, demasiada luz
acumulada. Ni yo, ni tú
ni nadie me salva
del hechizo mágico de la luna de plata,
que doce horas después con sus susurro,
canta,
y en sus brazos murmuro
una canción vaga.
Ahí, en ese mundo incorrupto,
donde sólo existe la ilusión,
cada inexistente segundo de mi adicción
se concentra en el absurdo:
sí, hermosa figura,
sí, maravillosa ilusión.
Sí, está aguardando cada noche
en mi sueño, sólo en un sueño.
Y de la realidad, jamás es un espejo.
miércoles, 25 de mayo de 2011
El corrido de Emilio Polonio de Jesús.
Esta es la historia de un narco,
que era parecido a un mandril tarado
con las nachas pintadas de rosado,
y con la nariz negra de tanto estar aspirando.
Conoció a un científico alemán
Gutanh Friederik Van Goethag,
químico por la Universidad Nacional
de un país al norte de Pakistán.
Entre los dos hicieron un changarro
como Breaking Bad de anfetaminas,
las primeras clientas fueran sus tías
y quedaron feas como marcianas o chochinas.
Entró el narco a un cártel afamado,
con el alemán se acostó el jefe por ser guapo,
y así iniciaron su historia donde, de contrabando,
introdujeron pastillas en desayunos escolares
y los chamacos dopados, alucinaron en sus clases.
Llegó la DEA, el Ejército y la Marina
y a tiros abatieron a las tías,
el narco lloró como Magdalena,
el alemán, pobrecito, murió de pena.
Y así acaba el corrido
de Gutanh Friederik Van Goethag,
de su compañero Emilio Polonio de Jesús
que acabó en una cárcel de Veracruz.
Ay que pena, que tristeza
por que se murieron las tías feas,
el jefe de cártel espera un hijo, y sí,
se llamará como el alemán guërito.
Abur.
que era parecido a un mandril tarado
con las nachas pintadas de rosado,
y con la nariz negra de tanto estar aspirando.
Conoció a un científico alemán
Gutanh Friederik Van Goethag,
químico por la Universidad Nacional
de un país al norte de Pakistán.
Entre los dos hicieron un changarro
como Breaking Bad de anfetaminas,
las primeras clientas fueran sus tías
y quedaron feas como marcianas o chochinas.
Entró el narco a un cártel afamado,
con el alemán se acostó el jefe por ser guapo,
y así iniciaron su historia donde, de contrabando,
introdujeron pastillas en desayunos escolares
y los chamacos dopados, alucinaron en sus clases.
Llegó la DEA, el Ejército y la Marina
y a tiros abatieron a las tías,
el narco lloró como Magdalena,
el alemán, pobrecito, murió de pena.
Y así acaba el corrido
de Gutanh Friederik Van Goethag,
de su compañero Emilio Polonio de Jesús
que acabó en una cárcel de Veracruz.
Ay que pena, que tristeza
por que se murieron las tías feas,
el jefe de cártel espera un hijo, y sí,
se llamará como el alemán guërito.
Abur.
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